04 Feb ¿Es bueno el frío y la nieve para la vid?
Seguramente, al ver los campos teñidos de blanco o sentir el rigor del invierno en Rioja Alavesa, te hayas preguntado si nuestras cepas sufren con estas temperaturas. La respuesta corta es que el frío no solo es bueno, sino necesario, siempre que llegue en el momento oportuno.
Iñigo Berzal, enólogo de la bodega, nos aclara esta cuestión fundamental para entender el ciclo de calidad de nuestros vinos.
La importancia de la «parada vegetativa»
El secreto de por qué el frío no daña la planta en enero, pero sí puede ser fatal en mayo, reside en el estado de la vid. Durante el invierno, la planta se encuentra en parada vegetativa, está dormida o latente. En este estado, el frío no le afecta negativamente.
La parada vegetativa es el periodo de reposo invernal en el que la vid detiene su crecimiento y actividad visible para protegerse de las bajas temperaturas. Durante esta fase, la planta entra en un estado de latencia donde la savia deja de circular activamente y las hojas caen, permitiendo que la cepa concentre su energía en las estructuras leñosas. Es una respuesta natural de supervivencia que ocurre siempre que el estado de la planta sea latente, lo que evita que el frío extremo dañe sus tejidos vitales.

Este periodo coincide con los meses más fríos del año y suele durar desde finales del otoño hasta el principio de la primavera, cuando el aumento de las temperaturas reactiva el ciclo biológico. La importancia de esta fase radica en que permite a la vid fortalecerse y prepararse para la siguiente cosecha.
Sin embargo, el escenario cambia drásticamente al llegar la primavera. Como bien señala nuestro enólogo: «Las heladas de primavera no son buenas porque el estado vegetativo ya no está latente». En ese momento, la savia ya circula y los nuevos brotes están expuestos; un descenso brusco de temperatura congelaría esos brotes, comprometiendo la cosecha.
Los tres grandes beneficios del invierno
Cuando el frío y la nieve llegan en su justa medida, sin alcanzar extremos históricos como los de la famosa Filomena, nos aporta tres ventajas competitivas para la calidad del vino:
– Reserva hídrica estratégica: La nieve es una forma de riego pausado. Al fundirse lentamente, el agua penetra de forma profunda y gradual en el suelo, aumentando las reservas hídricas que la vid necesitará para resistir los veranos calurosos.
– Desinfección natural: El frío extremo actúa como un «limpiador» biológico. Ayuda a eliminar microorganismos y pequeños insectos que se alojan en la madera y que podrían sobrevivir a inviernos más suaves, convirtiéndose en plagas al llegar la primavera.
– Cicatrización de la madera: Tras la poda, el frío ayuda a que la madera cicatrice antes y mejor, protegiendo la estructura de la planta para el nuevo ciclo.
Desinfectar, alimentar y fortalecer
Para Dominio de Berzal, un invierno auténtico es la garantía de una planta sana y equilibrada. El frío desinfecta, el agua de nieve alimenta y el reposo fortalece. Así que, la próxima vez que veas nieve sobre nuestras viñas, recuerda que la naturaleza está trabajando en silencio para la próxima añada.



