MEMORIA, ENTENDIMIENTO Y VOLUNTAD.

En Baños de Ebro( Rioja Alavesa), el saber hacer buen vino se transmite de generación en generación. Los hermanos Berzal cultivan con pasión el legado vinícola familiar con más de un siglo de historia.

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Floración en el viñedo - Dominio de Berzal

Floración en el viñedo: el momento que decide la cosecha

En el calendario vitícola hay momentos más vistosos y momentos más silenciosos. La floración pertenece a los segundos. Unos días discretos, casi inadvertidos, pero decisivos: aquí se siembran las bases de la cosecha.

Flores que no parecen flores

La vid no florece como un rosal. Sus flores son pequeñísimas, sin pétalos vistosos, agrupadas en racimillos que se conocen como inflorescencias. Lo que vemos en el viñedo estas semanas son miles de minúsculas esferas verde-amarillas —los botones florales— que se abren dejando caer el capuchón y exponiendo sus estambres al aire.

No es espectacular a la vista, pero quien conoce el viñedo sabe lo que se está jugando en estos días.

¿Por qué importa tanto?

La floración es el puente entre la vid y el futuro racimo. Cada flor polinizada se convierte en un grano de uva. Si la flor no cuaja —por frío, lluvia intensa, viento excesivo o calor extremo— el grano no se forma, y la cosecha puede verse seriamente mermada.
El viticultor no puede hacer demasiado durante estos días. Solo observar y respetar el ritmo de la planta. Es un momento que requiere especial atención.

Nuestros viñedos estos días

Este mayo ha traído contrastes. Un arranque fresco y soleado, con temperaturas propias de la primavera, ha dado paso a una ola de calor inusual para esta época del año. En pocos días el termómetro ha subido casi 20 grados, dejando unas condiciones que no son las más habituales durante la floración.

El cuajado progresa y los primeros granos empiezan a tomar forma. Pero con este calor adelantado, los paseos por el viñedo no son solo de observación: son también de búsqueda. De agacharse, de separar hojas, de mirar de cerca lo que a simple vista no se ve.

La vigilancia también es parte del trabajo

En una de nuestras inspecciones recientes encontramos lo que ves en la foto: una larva de polilla del racimo (Lobesia botrana) instalada entre los granitos recién cuajados. Un hallazgo pequeño, casi invisible, pero con potencial para causar daño si no se detecta a tiempo.

La polilla del racimo es una de las plagas más relevantes del viñedo en España. Su primera generación coincide exactamente con la floración, atacando los órganos florales y los granos recién formados. Detectarla pronto marca la diferencia.

Por eso estar en el viñedo cada día, con los ojos bien abiertos, es parte esencial del oficio. Conocer bien cada viña, estar presente, tocar las plantas con las manos. Cuando se detecta algo a tiempo, se puede actuar con criterio. Cuando se pasa por alto, el problema crece sin que nadie lo vea.

En Dominio de Berzal seguimos de cerca la evolución de cada viña durante estas semanas. No porque el panorama sea preocupante —que no lo es— sino porque así entendemos el oficio: con los ojos abiertos y los pies en la tierra.

El vino comienza aquí

Cuando descorchas una botella de Dominio de Berzal, en cualquier momento del año, lo que tienes en la copa empezó en días como estos. En una mañana de mayo, con el sol ya alto sobre los viñedos de Rioja Alavesa, unas manos inspeccionando racimo por racimo, y miles de florecillas diminutas convirtiéndose, despacio, en uva.
Nos gusta recordarlo. Y nos gusta compartirlo contigo.